Una lucha contra el prejuicio

            “Todos tenemos, aunque sea remachado, el negro tras la oreja

                                                                                                  – Juan Antonio Alix

Resulta increíble que para estas fechas, luego de tantas luchas por los derechos humanos y la igualdad social, aún existan personas que discriman por color, edad u origen, cuando el paso de los acontecimientos ha demostrado que no sabemos quien vencerá a quien. Ni cómo o cuando.

Hace algunos días tuve la maravillosa oportunidad de compartir con periodistas haitianos en un taller binacional realizado, entre otras cosas, para mejorar las relaciones entre periodistas de ambas naciones (Haití – República Dominicana) y me permito expresar que la experiencia resultó, más que enriquecedora, gratificante y súmamante educativa.

Pero saben que, la emoción que siento al recordar la simpatía, la interacción y el intercambio de realidades que viví en ese taller, no lo he podido compartir con nadie que no haya estado ahí presente.

Los que sabían que iría a Haití solo preguntan por las zonas de desastre y cómo entendí a mis colegas. Los que no, al enterarse demuestran tan poco interés en conocer detalles que debo tragarme el deseo de expresar todo lo que me ha parecido interesante y exitante.  Para todos resulta increíble el hecho de escucharme decir que quiero volver a ese país y aprender más de su cultura;  que me encantó lo que conocí y desde ahora tengo amigos allá.

En ocasiones anteriores había tenido la oportunidad de compartir con nacionales haitianos y muchas cosas causaron curiosidad en mi. Nunca había tenido un encuentro tan sustancioso como ahora y lo confirmé; no sabemos de Haití más allá de lo que los intereses de muchos nos han permitido conocer.

¡Suficiente! Llegó la hora de que paremos esa indiferencia y desdén al hablar del país vecino, “con la misma vara con que mides serás medido”. ¿O es que en República Dominicana nadie recuerda a las nacionales que viajan a Curazao, Holanda y España a ejercer como trabajadoras sexuales? ¿Ni tampoco a los dominicanos que con tanto ahínco fomentan el consumo de drogas en su afán de hacer dinero rápido y sin importar las consecuencias? A esas escorias las reciben con los brazos abiertos porque traen el “preciado” dinero por el que se ha perdido el pudor y el respeto.

No me considero defensora de causas ni de los malgastados derechos humanos a los que tantos se recuestan para salir de las malas conductas, pero si me considero defensora de mis ideales y uno de ellos es no juzgar sin causa aparente.

Juzgo a los políticos que creen el patrimino nacional les pertenece, a los narcos que sustentan el “salami” que se ha vuelto esta sociedad, a las mujeres que prefieren una noche de copas a compartir con sus hijos, a las que dejan todo a las maestras porque ellas (os) saben más de eso;  al padre que prefiere gastar en una “chercha” que en una salida con la familia, para la que nunca hay tiempo.

La mentalidad debe cambiar, estamos en una misma isla, la cual no es única e indivisible, pero si es rica en diversidad cultural y donde por sobre todas las cosas viven personas, con diferencias, pero personas.

Mente abierta, corazón contento. Es difícil ganarle a los prejuicios, pero se puede. El primer paso es entender el daño que estos causan. Sé muy poco del país vecino, así como los vecinos saben poco de nosotros. La desinformación fomenta la duda;  la duda el miedo y el miedo a lo desconocido nos hace fomentar y motivar al caos.