¿Cuántas opciones hay?

Sudoku

Discretamente, como quien encuentra el momento apropiado después de mucho rato de acechar a la presa, introduce la mano en el recipiente colocado en el mostrador para recibir las propinas. Hace más de un mes que no tiene trabajo y el dinero se acaba. Es inmoral pero, ¿qué opciones hay?.

Ella tiene más de media hora esperando autobús y nada que llega. Cual panacea esperada, aparece una güagüa con más gente fuera que dentro, pero ella decide subirse porque ¿qué opciones hay?.

Él, padre de dos niños con los cuales transita luego de pasarlos a recoger al colegio, mientras conduce, se da cuenta que en la intersección donde necesita doblar está prohibido,  pero no hay agente de tránsito así que, qué más da, ¿qué otra opción tiene?

Tomamos caminos cortos porque es más fácil, no porque no existan otras opciones. Preferimos justificar con anhelos y culpas ajenas nuestras “desgracias”, que al final no son más que el resultado de nuestras acciones. Siempre hay una opción menos fácil, con más honor y menos peso para la conciencia. Pero tomarla significa esfuerzo, paciencia y, ¿quién tiene eso hoy día?.

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Reformemos…

Hay personas que no leen Forbes, ni The New York Times, ni siquiera saben Inglés, pero reconocen el valor humano y tienen fuerza de trabajo sin igual. Personas que viven con pisos de tierra, pero te reciben con una sonrisa y un plato con alimentos. Que no pueden llevar a sus hijos a un centro de diversiones, pero la calidad del tiempo que les dedican es suficiente para forjarlos en valores y buenas costumbres. Personas que no ganarán un premio literario, educativo ni siquiera social. Gente que no conformarán una fuerza política para propiciar los cambios económicos,  políticos y sociales que transformarán una Sociedad, pero están ahí, son parte indeleble del país y son afectados por igual con cada medida, acción o recorte que realice el Estado para “bien” de todos.

La clase media… siempre será tal. Subsistirá a pesar de las medidas porque es lo que sabe hacer, su diario vivir, nadar contra una corriente que se empeña en exprimirla cada día mas. En gritarle a la cara que nunca será más que la clase partida por la mitad.

Hay medidas duras, pero necesarias; hay hechos que molestan, pero irrefutables; hay problemas provocados por pocos, pero que afectan a todos, y entre todos debemos resolver.

Tomemos medidas transitorias, pongamos TODOS un granito de arena (o un porcentaje a través de los impuestos) pero además del portero, el chiripero, el electricista, la recepcionista, la cajera, el contable, el administrador, que también lo hagan los funcionarios, TODOS y cada uno de ellos.

Con una ley de salarios que solo regula a los “de abajo”, con unas concesiones para quienes no legislan, quienes poco proponen y mucho menos hacen. Con exenciones onerosas y privilegios que no merecen, las cosas no cambian ni siquiera mejoran.

Si vamos a pagar, que sean TODOS! Hasta el 2014 o el 2016. Que sean “condolientes” y se ajusten también. Que se pongan los pantalones y se ajusten los cinturones. Si desde ahora estamos condenados a TV nacional que ellos también lo estén.

O la ley se aplica a TODOS o pidamos visa y dejemos esto. No hay nada que buscar

Una lucha contra el prejuicio

            “Todos tenemos, aunque sea remachado, el negro tras la oreja

                                                                                                  – Juan Antonio Alix

Resulta increíble que para estas fechas, luego de tantas luchas por los derechos humanos y la igualdad social, aún existan personas que discriman por color, edad u origen, cuando el paso de los acontecimientos ha demostrado que no sabemos quien vencerá a quien. Ni cómo o cuando.

Hace algunos días tuve la maravillosa oportunidad de compartir con periodistas haitianos en un taller binacional realizado, entre otras cosas, para mejorar las relaciones entre periodistas de ambas naciones (Haití – República Dominicana) y me permito expresar que la experiencia resultó, más que enriquecedora, gratificante y súmamante educativa.

Pero saben que, la emoción que siento al recordar la simpatía, la interacción y el intercambio de realidades que viví en ese taller, no lo he podido compartir con nadie que no haya estado ahí presente.

Los que sabían que iría a Haití solo preguntan por las zonas de desastre y cómo entendí a mis colegas. Los que no, al enterarse demuestran tan poco interés en conocer detalles que debo tragarme el deseo de expresar todo lo que me ha parecido interesante y exitante.  Para todos resulta increíble el hecho de escucharme decir que quiero volver a ese país y aprender más de su cultura;  que me encantó lo que conocí y desde ahora tengo amigos allá.

En ocasiones anteriores había tenido la oportunidad de compartir con nacionales haitianos y muchas cosas causaron curiosidad en mi. Nunca había tenido un encuentro tan sustancioso como ahora y lo confirmé; no sabemos de Haití más allá de lo que los intereses de muchos nos han permitido conocer.

¡Suficiente! Llegó la hora de que paremos esa indiferencia y desdén al hablar del país vecino, “con la misma vara con que mides serás medido”. ¿O es que en República Dominicana nadie recuerda a las nacionales que viajan a Curazao, Holanda y España a ejercer como trabajadoras sexuales? ¿Ni tampoco a los dominicanos que con tanto ahínco fomentan el consumo de drogas en su afán de hacer dinero rápido y sin importar las consecuencias? A esas escorias las reciben con los brazos abiertos porque traen el “preciado” dinero por el que se ha perdido el pudor y el respeto.

No me considero defensora de causas ni de los malgastados derechos humanos a los que tantos se recuestan para salir de las malas conductas, pero si me considero defensora de mis ideales y uno de ellos es no juzgar sin causa aparente.

Juzgo a los políticos que creen el patrimino nacional les pertenece, a los narcos que sustentan el “salami” que se ha vuelto esta sociedad, a las mujeres que prefieren una noche de copas a compartir con sus hijos, a las que dejan todo a las maestras porque ellas (os) saben más de eso;  al padre que prefiere gastar en una “chercha” que en una salida con la familia, para la que nunca hay tiempo.

La mentalidad debe cambiar, estamos en una misma isla, la cual no es única e indivisible, pero si es rica en diversidad cultural y donde por sobre todas las cosas viven personas, con diferencias, pero personas.

Mente abierta, corazón contento. Es difícil ganarle a los prejuicios, pero se puede. El primer paso es entender el daño que estos causan. Sé muy poco del país vecino, así como los vecinos saben poco de nosotros. La desinformación fomenta la duda;  la duda el miedo y el miedo a lo desconocido nos hace fomentar y motivar al caos.

Somos… No, eres

Resulta muy fácil desligarse de las responsabilidades, después que existen las excusas nadie queda mal. Y es que a los dominicanos se nos ha olvidado por qué somos “dominicanos”. No fue un adjetivo con el nacimos porque el universo así lo quiso, es nuestro gentilicio, es lo que identifica a qué país del mundo pertenecemos y por tanto también nos relaciona con una cultura.

La responsabilidad de construir una imagen como país es de cada uno de los habitantes que lo conforman, con nuestros actos no solo decimos quienes somos sino también de donde venimos.

Pocos días atrás leí este post en Facebook:

En Gossip Girl: “Creo que puedo conseguir un divorcio sin consentimiento del novio en República Dominicana”. Parece que hay una laguna rara en la ley o aceptan sobornos” ¡Que famita tiene mi país! :S – opinión de quien hizo el post.

Gossip Girl es una serie juvenil producida en EE.UU., quienes no son los más adecuados para hablar de buena fama, sin embargo es claro para nosotros que no solo en ese país consideran que República Dominicana es tierra de nadie.

Inmediatamente surgen estas críticas todo el mundo habla. Que si quien lo dijo no tiene calidad moral para hacer la crítica, que si eso no es cierto y solo quieren hacernos quedar mal, que si están tomando como parámetro algo que pasó una vez… Lo importante es que se dijo, se dice y se seguirá diciendo si no nos preocupamos por cambiar nuestra imagen, porque sí, es “nuestra imagen” somos un todo con los puntos cardinales que nos rodean. 

Cuando dicen República Dominicana están hablando de dominicanos, no se refieren a las playas ni las cordilleras, ni a Azua, Baní o Barahona… se refieren a su gente. Si no mostramos interés por hacer de nuestro país un lugar mejor no podemos quejarnos de lo que proyecta.

¿Y qué hacemos para mejorar si hasta lanzar la basura al zafacón nos causa pesadez?

La educación es el reflejo de lo que somos y empieza por la casa. Aporta tu granito de arena educando a tus hijos en buenos valores. Solo la parte física viene predeterminada, lo que seremos lo elegimos nosotros.

Debemos aportar

Desde las 9:30 a.m. de hoy se está celebrando en nuestro país un encuentro en el que convergen 100 personalidades en representación de los diferentes ámbitos que componen nuestra sociedad, acompañados en cada tema de un invitado extranjero quien realiza un aporte en base a su experiencia y conocimiento.

He leído muchos comentarios negativos y faltos de fe con respecto a este evento, confieso en principio pensé igual, hasta que me detuve, analicé, olvidé las predisposiciones y escuché.

Nosotros “los ciudadanos”, ante cualquier medida o situación lo primero que hacemos es emitir un juicio, en la mayoría de los casos negativo, sin siquiera escuchar o leer bien ¿y hacia dónde nos lleva esta actitud?

No podemos cambiar los senderos arando en la misma dirección, tenemos que creer y además, aportar. Ser críticos pasivos no nos lleva a nada. Ágora Dominicana es un ejemplo de que en nuestro país existen mentes brillantes con deseos de aportar soluciones más que críticas, con pensamientos frescos más que ideologías fundadas hace mil años. Si no tenemos la fuerza de unirnos y exigir un cambio, nunca pasará.

“Debemos transformar desde la acción” – expresó uno de los expositores y en ese momento vizlumbré la luz, no puedo siendo un ente pasivo exigir un cambio, no debo ser detractora y desconfiada sin siquiera dar una oportunidad, como parte de un país democrático no estamos para juzgar, sino para exigir y dar. Mientras los jóvenes no nos integremos al desarrollo nacional y lo veamos como una responsabilidad de aquellos que tienen años y años decidiendo por nosotros nada cambiará.

Tenemos que creer, tenemos que accionar y sobre todo tenemos que aportar. Nos quejamos de que los congresistas todo lo ven y deciden desde un curul ¿haremos lo mismo desde nuestros respectivos hogares?, estamos viendo la paja en el ojo ajeno, pero ignoramos la viga en el nuestro. ¿Podemos exigir lo que no damos?

¿Quieres empezar?

Ágora Dominicana Sigue la transmisión en vivo. Ve lo que podemos ofrecer como país.

Continúa mañana 1 de noviembre a partir de las 8:30 a.m. con las Mesas de Debate.